Wednesday, May 8, 2013

La caída del imperio romano

Desde Budapest fuimos en tren a Viena, desde dónde teníamos el vuelo a Roma. Llegamos a la capital italiana al mediodía y cómo estabamos alojados en una casa alejados del centro decidimos quedarnos por la zona, cenando pasta y tomando un vino que resulto un fiasco, tal vez porque salió EUR 3.50. El lugar donde estábamos no tenía internet por lo que se complicaba un poco decidir que hacer y a dónde ir, no somos gran fanáticos de las guías en papel.

Al día siguiente intentamos hacer un walking tour por la mañana pero se nos hizo tarde y había otro a la tarde pero no lo pudimos encontrar, así que recorrimos por nuestra cuenta algunos lugares.






Ahora sí, llegamos temprano para hacer el tour al Vaticano. Fuimos caminando por la ciudad pasando por Piazza Spagna, el panteón, algunas inglesias y fuentes hasta que llegamos al Vaticano. Con una cantidad de gente impresionante, tanto que hasta la guía se sorprendió, decidimos no entrar y sacamos unas fotitos de afuera.

Es difícil escaparle a la comida italiana (que sorpresa!), pero llama la atención que en un lugar tan internacional no haya oferta de otras cocinas como lo hay en otras ciudades. No se si es la gran autoridad que es Italia en el mundo culinario que no necesitan otras cocinas o es la falta de aventura que tienen los italianos. En fin, almorzamos pastas y arrancamos con la segunda caminata que terminaría en el Coliseo. Otro recorrido, otras iglesias, otras fuentes. Pasamos por la Fuente de Trevi, el menospreciado monumento nacional a Vittorio Emanuele II, el foro romano y por último el Coliseo.





Si bien Roma tiene su atractivo, con una arquitectura bastante particular, también tiene muchos negativos que lo hacen un destino no tan agradable, tal vez para alguien que ya viene viajando hace mucho. El transporte público y el tráfico en general es caótico (por lo menos para lo que es Europa), todos los lugares están llenos de gente y dónde está lleno de gente también está lleno de vendedores de boludeces, "artistas" callejeros y carteristas. Tal vez valga la pena visitar la ciudad para marcarla en la lista, pero la verdad que no nos llamó la atención como para volver. Veremos si Florencia, nuestra próxima parada, nos cambia la imagen de los italianos.

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